Los ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 son componentes centrales de nuestras células
Nuestro organismo no puede restablecer el equilibrio por si solo
Durante millones de años nuestros genes han evolucionado para adaptar nuestra especie a los requerimientos del medio ambiente o ecosistema. La imposibilidad del organismo de desarrollar la síntesis y equilibrio de ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 indica que este equilibrio ha estado siempre en lo que comemos. Por lo tanto hoy, para obtenerlo, debemos consumir Omega-3.
Nuestro perfil genético sigue muy similar al de nuestros antepasados de la Edad de Piedra
Vastas investigaciones científicas indican que la mayoría de las enfermedades crónicas y trastornos asociados son causados por el importante desequilibrio entre ácidos grasos en nuestra actual dieta.
Nuestro metabolismo simplemente dejó de funcionar bien cuando ya no pudo encontrar los elementos necesarios en la dieta.
Un equilibrio crítico
Los ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 son componentes centrales de la membrana celular y son, desde un punto de vista metabólico, el punto de partida de la síntesis de muchas substancias de tipo hormonal que actúan ya sea estimulando o inhibiendo los procesos corporales.
Estos ácidos grasos están hechos para funcionar en conjunto y antagónicamente
Los ácidos grasos Omega-6 generan substancias que causan inflamación, promueven la viscosidad en la sangre y la estrechez en los vasos sanguíneos, afectando procesos vitales para la capacidad del sistema inmunológico de recuperarse y protegerse. Por el contrario, los ácidos grasos Omega-3 reducen la inflamación, contraatacan la coagulación y dilatan los vasos sanguíneos, neutralizando los efectos de los Omega-6.
Lo anterior muestra la enorme importancia de un adecuado equilibro entre estos ácidos grasos
Demasiado de uno y no lo suficiente del otro puede resultar peligroso para la salud. El equilibrio entre ambos es, entonces, críticamente importante para que el organismo funcione bien. La FAO/OMS han emitido recomendaciones sobre la adecuada ingesta de ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 y coinciden en que la relación entre ambos deben estar dentro de sus limites en la leche materna (n-6: n-3 aprox. 5:1).